Ayer empecé de nuevo este texto. Me costó mucho (cuatro años de hecho). No era la primera vez, pero ha sido la última. Ayer no fue un buen día y por muchos motivos logré terminarlo. Me alegré al decidir empezarlo otra vez y más todavía al poder terminarlo. Hoy no he dormido, literalmente, decidiendo si lo dejaba escondido o lo ponía. Dejarlo oculto no tendría sentido alguno, sería justo lo contrarío de lo que creo. El tres es un gran número. A la tercera va la vencida, Cristo resucitó al tercer día y todo tiene tres pasos. El primero fue empezarlo, el segundo terminarlo y el tercerlo no dejarlo dentro de mi ordenador.
Hoy noto mucho menos peso en la espalda.
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No sé ni cual debe ser la mejor forma de empezar esto. Lo he intentado muchas veces y nunca he podido lograrlo.
Hoy he ido a la biblioteca a relajarme y creo que es un buen día para ponerme con ello. No, no es del todo cierto… he salido a dar un paseo para relajarme y centrar mi cabeza (ha sido uno de esos días malos) y de forma inexplicable he terminado frente a esas enormes puertas de madera, previo portal de un templo del saber y he terminando con la autobiografía de Johnny Cash bajo el brazo. Como siempre las palabras de este hombre hacen que vea las cosas distintas, no sé el motivo pero es así, tampoco intento explicarlo.
Hace tiempo en otro libro leí una frase que decía algo como que si tienes que escribir algo empieces por el recuerdo más fuerte que tengas. No recuerdo donde lo ponía pero es una forma tan buena (o tan mala) como otra cualquiera de empezar.
No es agradable, no es bonito y ni por asomo es un buen recuerdo aunque quizá logró que viera de otra forma muchas cosas. Poca gente entiende lo que es pasar por algo así, por suerte, y no es fácil tenerlo todos los días en la cabeza. Quizá elegirlo sea una forma de hacer un exorcismo a esos demonios que se pelean dentro de mi, que me asaltan por las noches mostrándome ese otro lado que todos tenemos. El mío viene por las noches para poblarlas de pesadillas, quizá por eso duermo mal, quizá mi propia cabeza decide no dejarme dormir apenas porque no quiere que sufra.
Mi padre se suicidó.
Ese es el recuerdo más fuerte que tengo. El más fuerte. El más terrible. El que más me atormenta. El único que desearía no tener y que sin embargo nada podrá hacerme olvidar. No sé si querría olvidarlo, tampoco podría decir que no querría que hubiera pasado. No me entendáis mal, por supuesto que no querría que hubiera pasado pero todos somos producto de lo que hemos vivido, de las experiencias que tenemos y que nos ha tocado afrontar. Esta fue una más y no sé cuanto más distinto sería yo de no haber pasado este trance.
Recuerdo ese día, al menos parte ya que debo reconocer que esa semana en concreto está bastante difusa.
Yo me despedí de mi padre y marché al instituto donde estaba estudiando el módulo superior de imagen, quizá que el fuera aficionado a la fotografía influyó o quizá fue el simple deseo de poder comunicarme de alguna forma más allá de una conversación con unas cervezas, sea como fuere yo me despedí tranquilamente y estuve toda la tarde allí en clase.
La hora no estoy seguro, pero recuerdo que estaba yo en el laboratorio positivando unas tomas de hacía un par de días, en ese momento entró un compañero diciendo que mi hermano preguntaba por mí. Reconozco que me extrañó, pero tampoco le di demasiadas vueltas… y entonces me dijo que nuestro padre estaba en el hospital en la UVI porque había sufrido un ataque al corazón y que teníamos que ir a casa. No vi nada extraño, soy hijo de médico y sé como son los hospitales, si no puedes hacer nada lo mejor es que te quites del medio y te vayas a tu casa hasta que te llamen. Lo malo es que al entrar a mi casa había más gente de la que tocaba y con caras que daban mucha más preocupación de la que yo presuponía.
Mi padre había muerto. Lo supe en cuanto crucé el umbral de mi casa. Mi madre salió para abrazarme y recuerdo la frase de una de sus mejores amigas que dijo algo como “no debes preocuparte, es un hombre y se portará como tal” y en ese momento comencé a sentir un terrible escalofrío que pasaba por mi espinazo. Algunos días todavía lo siento. Algunos días lo único que quiero es quedarme en la cama y mandar todo a la mierda.
Sigo.
Mi hermano en un momento dado me apartó y me dijo que no llorase. Yo no estaba llorando así que le pregunté que pasaba realmente y solo me dijo “lo ha hecho el mismo” entonces mi mundo estalló. Recuerdo pocas cosas de esa noche en concreto. Recuerdo a mi prima Paula, una de las personas que más quiero en este mundo, viniendo a casa y llorando. Recuerdo que tuve que escribir algo para poder dormir, o lo hacía o reventaba y no quería eso. Un panegírico o in memoriam o como se quiera llamar. Recuerdo pedir permiso en Dreamers (una web donde colaboraba y colaboro) para ponerlo en portada y hubo opiniones de todo tipo entre la redacción que se zanjaron con Nacho, nuestro jefe, diciendo que no tenía ni que preguntarlo y que lo pusiera en portada, que Dreamers no solo somos compañeros si no una familia y debo decir que más de una vez lo han demostrado.
No recuerdo ni dormirme y tampoco despertarme. Doy por hecho que lo hice, pero durante los días siguientes todo es una sucesión continua de imágenes como si de una película se tratara. No lo veo desde dentro, estoy totalmente fuera como si estuviera viendo una película en la que hace falta una buena banda sonora.
Estoy en mi cuarto con dos amigos, un amigo y una amiga, me están consolando. Mi hermana insiste en que debería salir pero no quiero, sé que en un rato vendrá Jim desde Madrid y logrará que yo salga. Jim es mi mejor amigo técnicamente pero hace muchos años que no lo considero como tal y que directamente es mi hermano, no concibo otra forma para el. Ahora tengo también a Johnny, dos personas con las que sé que puedo contar siempre (a pesar de todo y de que no siempre estemos de acuerdo).
Yo había hablado el día anterior con el. Necesitaba hacerlo y lloré. Le pedí que viniera, el me dijo que ya tenía los billetes y que mañana mismo estaría allí. Su madre, mi segunda madre, se lo había dicho. Eran compañeros en el hospital y el sabía por eso que yo le iba a llamar, esperaba mi llamada para ayudarme en cuanto me hiciera falta.
Al día siguiente estaba en mi portal. Subió a casa y por supuesto logró que yo saliera “abajo hay como unas veinte personas que quieren que bajes, así que ya te estás vistiendo”. Muchos abrazos, muchos amigos, algunos casi familia, otros directamente los considero tal, algunos me llamaron aunque yo no pude hablar con ellos. Jim y Luke en ningún momento se alejaron ni un metro de mí. Luke se ocupo de llamar a algunas personas que sabía que querrían saber lo que había pasado. Un día después recuerdo el funeral. Realmente ahora mismo no sé si fue uno o dos días, supongo que tampoco importa.
Recuerdo cosas. Jim siempre cerca de mi, yo más preocupado por mi hermana que por otra cosa. Y recuerdo a mi amigo Toño, me dio un abrazo. Si, otros muchos también pero lo suyo nunca podré olvidarlo. En ese momento y ahora mismo vive en León, en un pueblo llamado Carrizo, y apenas podía venir pero lo hizo, solo para poder darme un abrazo y nada más. No hacía falta más. Estaban José Ramón, Don Domicio y el Padre José. Tres sacerdotes ligados a mi familia por la amistad y el compañerismo. No podía ser de otra forma y tampoco creo que mi padre lo hubiera querido así. Recuerdo ver una pequeña lágrima en el rostro del Padre José.
Acudió mucha gente. Eso me han dicho. Me contaron que bastantes personas se quedaron fuera de la iglesia porque no se podía entrar. Creo que esto es algo que a mi padre no le habría gustado, era más bien discreto y no le gustaba que se le viera. He salido a el en muchas cosas, esta no es una de ellas. Yo si me alegro de que eso pasara, que hubiera mucha gente porque mucha gente le quería, mucha gente nos quería y mucha gente quería y debía estar allí para darle el último saludo (no pienso poner el último adiós).
Una semana más tarde yo estuve en el expocómic de Madrid y después en el festival de Cinema de Sitges. Recuerdo que a mis dos hermanos mayores no les hizo ninguna gracia que me marchara en tales circunstancias. Hoy en día sigo pensando que fue lo mejor que pude hacer. Irme unos días con mis amigos, desconectar por completo y dedicarme a pasarlo bien y no pensar en ello. Fue lo mejor que pude hacer.
Me reí, hice muchas fotos, ligué con una chica de la que ya no recuerdo bien su rostro, pasaron historias geniales, algunas que ni siquiera estoy seguro que ocurrieran, y pude ver otra vez como la gente (algunos totalmente inesperados) quería a mi padre y en todo momento intentaron que yo estuviera bien.
Muchos días me levanto y al mirarme en el espejo veo su reflejo. No me gusta, preferiría que no fuera así, pero quizá simplemente sea la forma que tiene mi cabeza de decirme que no olvide nada de lo que pasó. Todos somos humanos, no somos dioses y nos equivocamos. A veces creo que mi madre se excede en el recuerdo que tiene y que no es del todo cierto. Era un hombre, un buen hombre, pero con sus virtudes y sus muchos defectos igual que todos.
Algunos días no quiero salir de casa. Miento. Prácticamente ningún día quiero hacerlo, quiero quedarme en la cama hecho un ovillo llorando y cerrando los ojos para despertarme y que todo sea una maldita pesadilla. Eso no va a pasar. Nunca pasará. Quedarme en la oscuridad no arreglará nada y solo hará que empeore todo. Todos los días me levanto, siempre hay un buen motivo para hacerlo y cada uno buscamos el nuestro. Yo tengo muchos. Tengo mi blog, tengo mis amigos, tengo una carrera que estoy empezando ahora, tengo un perro muy majo que necesita mimos y tengo el recuerdo de mi padre.
No creo que le gustase que me quedara tumbado sin hacer nada. Creo que prefiere que salga, que lea que escriba, que haga fotos, que me ría, que juegue, que hable. Así que es lo que hago.
Muchas veces lo imagino como si fuera un cortometraje. Supongo que sería mi voz en off diciendo que todos tenemos un momento en la vida que lo cambia todo. La escena sería completamente en negro y de pronto un fogonazo de luz blanca seguida por el sonido de un disparo. Seguiría diciendo que ese fue el mío, mi padre se quitó la vida y eso lo cambió todo. El plano giraría hacia un brazo caído con una pistola agarrada y una gota de sangre cayendo.
Siempre hay un motivo para levantarse de la cama. El mío es que quedarme en ella no serviría de nada.
Ayer me levanté. Hoy me he levantado. Mañana también lo haré.