Lo último que recuerda ver con sus propios ojos fue un fogonazo de luz blanca. Sabe que ahora ve otra escena pero no con sus ojos, más que nada porque están haciendo compañía al resto de su cara por el suelo y sus sesos desparramados contra la pared que hay justo detrás.
Su cuerpo está atado sobre una silla de madera, su cabeza está hacia abajo con un agujero que gotea sangre sobre sus piernas, tiene el torso desnudo y lleno de magulladuras por golpes; pero ahora ya le da igual, sabe que está muerto.
La curiosidad mató al gato dirán sus amigos. Así lo llaman. Gato. No sabe bien el motivo, pero desde que era pequeño se han referido así a el.
Había muerto por su esposa, o más bien por intentar saber quién había terminado con su vida.
No eran precisamente ricos y vivían en un mal barrio de putas y camellos, sin ningún futuro más que el de ver que deparaba la próxima esquina. Un sucio polvo en un callejón podía darles de comer durante dos días; una paliza a un pobre hombre que debiera dinero a quien no debía les haría poder pagar el alquiler.No era la mejor vida del mundo pero daba igual porque se tenían el uno al otro.
La primera vez que se conocieron fue cuando ella acababa de terminar un trabajo y su cliente no quería pagarla e intentó golpearla. Una mano sujetó la del hombre. Pasaba por allí casi de casualidad y no le gustó lo que vió. Su trabajo era pegar a los demás es cierto, pero era un trabajo, jamás golpearía a nadie sin un motivo y no le gustaba nada que los otros lo hicieran.
Así se conocieron. En cierta forma ella estaba bajo su protección desde ese día y, aunque era un mal barrio, esas cosas se respetaban porque todos estaban igual de jodidos. Poco a poco tras varios cafés y paseos en horas en que las gente de bien están durmiendo en sus camas se fueron tomando cariño. Eso había sido hace unos años. Y un día se encontró solo.
Estaba en el bar después de un encargo. Estaba tomando unas copas con sus amigos del ramo, gente igual que el, que se ganaban la vida pegando palizas a los demás pero en los que podías confiar en todo momento. Entonces entró Tommy, un chaval de barrio que no tenía padres y a quien la pandilla había tomado como su mascota.
Ninguno de ellos tenía hijos, en parte porque no querían que tuvieran que vivir lo que ellos, así que al chaval nunca le faltaba una comida o una cama donde dormir. Ellos se ocupaban de el y el los quería como si fueran sus padres. Así que cuando entró corriendo y llorando, agarrando su pelo como si le fuera la vida en ello, todos supieron que algo iba mal.
Mientras jugaba solo, vió como un grupo de tipos con pistolas se acercó al callejón donde ella estaba y dispararon. No vió nada, solo escuchó los gritos de ella y del que debía ser su cliente. Cuando se acercó vió a Phil muerto encima del cuerpo sin vida de ella. Les habían cogido en plena faena, no tenían ni los pantalones subidos. Acribillados como ratas, despojados de toda dignidad.
Mientras lo contaba, entre lágrimas y abrazándose a uno de ellos, todos miraban como se iba enfureciendo su amigo, intentaron calmarlo pero no sirvió de nada. Dio un golpe en la barra del bar haciendo saltar astillas de madera, lo sujetaron pero les golpeó rompiendo la nariz a uno de ellos y salió corriendo.
Lo vio allí tirada, con las bragas bajadas y rodeada de sangre. Cayó sobre sus rodillas mientras lloraba, no sabía que hacer, apartó el cuerpo del hombre de encima con poca delicadeza, pasó la mano por su cara y la levantó viendo como su palma se había manchado con su sangre. La abrazó fuerte por última vez mientras gritaba explicaciones a un Dios que hace tiempo se había marchado de vacaciones.
Entonces se dio cuenta de quien era el muerto, entendió lo que había pasado, sabía quien era el responsable. Un hombre tiene que respetar a su jefe, pero no cuando destruye su vida.
Se levantó, quitó el anillo dorado de su dedo y lo puso entre las manos de ella, sabía que alguien lo robaría pero le daba igual. Miró por última vez el cuerpo de su chica y se marchó.
Cuando llegó al apartamento donde Papa Rosco tenía sus negocios dudó, llegó hasta la puerta y dudó sobre lo que iba a hacer. Fue a tocar su anillo como hacía siempre que estaba nervioso para ver que no estaba, levantó la mano y contempló la sangre de ella. Derribó la puerta de una patada solo para ser golpeado por una porra nada más entrar. No pudo decir nada, cayó al suelo y dos matones lo sujetaron. No eran como el y sus amigos, estos eran gente sin principios que no dudarían en matar a su madre si su dueño se lo pedía.
“¿De verdad pensaste qué no te estaría esperando?” dijo Papa Rosco desde su escritorio. “Llevas años trabajando para mi, sabía muy bien lo que ibas a hacer”
El miraba furioso sin hacer nada. Los dos hombres lo tenía sujeto con fuerza y no podía zafarse de ellos. No estaba escuchando, le daba igual todo lo que dijera, solo quería matarlo.
“Pero no pienses que soy un insensible. Nunca quise que vivieras sin ella, simplemente estaba en mal sitio y en peor momento. Pero todo puede arreglarse” Miró a uno de sus muchachos que se giró y le propinó un golpe en el estómago mientras el otro sujetaba con fuerza. Lo soltaron y cayó al suelo donde vomitó los huevos que había comido en el bar, le dieron una patada en la cara que le hizo saltar dos dientes. Uno de ellos se puso encima de el y comenzó a golpearle en la cara. Perdió el conocimiento mientras la sangre se agolpaba en su nariz.
Se despertó atado a una silla de madera, no llevaba camisa y podía ver claramente un buen montón de moretones por su torno. Notaba el sabor metálico de la sangre en su boca, apenas veía por el ojo derecho.
Era una habitación grande y vacía, podía ver restos de sangres por doquier. Enfrente estaban los dos indeseables que le habían dado una paliza.
“Te prometemos que esto no es algo personal. Simplemente fuíste demasiado estupido comopara dejarlo pasar” dijo uno de los hombres mientras el otro cargaba una pistola. “Papa Rosco es un hombre casado y quiere a su mujer, sabe lo terrible que es perder a quien amas y no quiere que eso le pase a ninguno de sus muchachos”.
El otro hombre se acercó, puso la pistola en su sien y dijo “espero que la encuentres”.
BLAM.